viernes, 11 de marzo de 2011

¿ESTAFAN TODAS LAS EDITORIALES DE BARCELONA?

Los lectores españoles seguramente no imaginan la vida que los escritores podemos llevar.
Hay que señalar que en España hay muy pocos escritores que se dediquen en exclusiva a la literatura. Casi todos los nombres que ustedes pueden ver en las portadas de los libros corresponden a profesionales de otra cosa: profesores, periodistas, médicos, políticos, artistas y demás.
No hay muchos escritores profesionalizados en España, simplemente porque las editoriales catalanas, casi todas, se quedan con la mayor parte del dinero que nos corresponde por ley y de acuerdo con los contratos, con la complic idad del ministerio y la generalitat.
Se valen de argucias para no pagar más que una pequeña parte de lo que se comprometieron en contrato. Por lo general, los escritores contratamos por un ocho o un diez por ciento del precio de venta. Un precio de venta que se distribuye así: cincuenta o sesenta por ciento para los distribuidores y librerías, treinta por ciento para las editoriales y diez por ciento para el autor. Según la ley, es así, pero las editoriales –sin ninguna clase de escrúpulos-, ven muy tentador el dinero que administra del autor y por lo general recurren a la siguiente artimaña para quedarse con la mayor parte del dinero que el autor se gana: NO SUELEN INFORMAR DE LOS LIBROS VENDIDOS.
En cambio, envían a los autores unas planillas donde indican los libros entregados a los distribuidores, de los que restan los libros que los distribuidores les devuelven sin vender, y del resto, calculan el porcentaje contractual.
.
DE ESE MODO, EDITORIALROCA SE APROPIA ILEGALMENTE DE UN 70 % DE LOS DERECHOS DE AUTOR DE LUIS MELERO.
UNA ESTAFA EN TODA REGLA

¿Harán igual las demás?
www.luismelero.com

jueves, 10 de marzo de 2011

PROGRES. La generación fracasada

A estas alturas de la historia, nada parece más rancio y fracasado que aquella generación que nos llamábamos “progres” Surgimos como respuesta a los cuarenta años oscuros, aspirando el aire fresco e incontaminado de la libertad. Teníamos que regenerar España –no desmontarla- y correr apresuradamente detrás de los trenes que habíamos ido perdiendo.
Para todo ello, era indispensable despojarnos de los reflejos auto represivos de la etapa anterior. Ser libres empezando por nuestra manera de sentir la vida. Desechar los arneses y volvernos transgresores en una medida educada y prudente.
Pero fueron demasiados los que malinterpretaron lo de la transgresión. De pronto, nos encontramos con señoras muy encopetadas y burguesas que, para ser modernas, se pusieron a robar en El Corte Inglés y Galerías. Hubo matrimonios que, para demostrar definitivamente su modernidad, decidieron escenificar sus encuentros sexuales delante de sus hijos pequeños, para que tuvieran educación sexual antes que uso de razón (hablo de un caso concreto, en que uno de los niños se negó a crecer como Peter Pan y hoy es un mozo que no llega al metro cincuenta completamente traumatizado). Aquella progresía que dio lugar a cosas interesantes pero nocivas, como la Movida madrileña, hemos hecho otras cosas muy nocivas pero nada interesantes.
El resultado es una España clónica de la de 1935, con la juventud peor educada de Europa y la más inculta. ¿PROGRES? ¡Que me borren!

miércoles, 9 de marzo de 2011

EL ASOMBRO DE ALCOBENDAS

Dice el viejo refrán castellano que “el buen paño, en el arca se vende”, sabia conseja ancestral que la mercadotecnia, primero, y el comercio por internet, después, se han encargado de arrasar.
Hoy, se hace propaganda hasta para mercadear con los sentimientos, como vemos a diario en las pantallas de televisión, cuando comprendemos que los grajos al acecho de la cochambre son avisados, precisamente, por los aspirantes a vendedores de miserias con truculentos señuelos de exclusividades falsificadas. Y si se tratara sólo de las miserias o los sentimientos propios, la perversión y el hedor tendrían un pasar; pero es que con lo que más se comercia es con los sentimientos de otros, las privacidades ajenas, las integridades que los buhoneros del couché parecen tener prisa por desintegrar.
Por ello, asombra tanto descubrir algo valioso de veras que, aun consciente de su valor, no se deja ganar por la tentación de exhibirse en los neones de la compraventa.
Uno, que viene de vuelta de infinitos mundos procelosos donde cuenta más la imagen transmitida que el valor verdadero de las cosas, no puede evitar sentir estupor al descubrir Alcobendas, donde las circunstancias le han forzado a residir.
Hay unas cuantas ciudades en España que son resaltadas por los políticos y sociólogos como ejemplos a seguir en cuanto a urbanismo y servicios. Siempre se trata de capitales de provincia, como Vitoria o Córdoba. Vitoria es verdaderamente un modelo a imitar... si la corporación aspirante a emularla dispone de dinero a espuertas. Córdoba, asentada sobre una milenaria tarta arqueológica de varias capas, que dificulta cualquier intento de racionalidad, no dispone de los cuantiosos medios forales de Vitoria, pero sí ha habido entre sus gestores quienes supieron usar la razón.
Hoy, tras conocer inesperadamente Alcobendas, creo que no tardará en llegar el día en que su nombre se añada a dicha lista de ciudades ejemplares. Parafraseando el clásico, hay que hablar con toda justicia del Asombro de Alcobendas.
Hace algún tiempo, a una de las revistas donde suelo publicar le propuse un artículo de investigación que pretendía titular “Alcobendas, Silicom Valley español”; iba a apuntalar el texto y argumentar sobre dos pivotes: la existencia de Indra y la arquitectura de la avenida de Bruselas y la zona el Parque Empresarial La Moraleja, que me recuerdan inevitablemente a La Jolla, en California. No insistí en la propuesta, porque mi conocimiento sobre Alcobendas era muy superficial y se basaba en impresiones percibidas de lejos, casi todas al pasar por la Nacional I... y poco más.
Ahora, tras verme obligado a recorrerr cotidianamente el Paseo de la Chopera, la Avenida de España, la Avenida de la Vega o el Bulevar de Salvador Allende, creo que Alcobendas merece que se hable de ella. Y mucho, y bien, y que llegue a realizarse algún documento que difunda por toda España las cualidades de su urbanismo, y, acaso, convertirse en destino turístico porque posee para ello mimbres de sobra, y llegar a ser meca de encuentros de categoría internacional, para los que representaría un cómodo marco del que España puede enorgullecerse. Tal vez sean sus habitantes celosos de mantener el “secreto”, por temor a verse obligados a compartir los privilegios que aquí se disfrutan, y me reprochen estas afirmaciones que pueden sonarles a “chivatazos” que atraigan multitudes, pero creo sinceramente que numerosos concejales de urbanismo del país tendrían que darse un garbeo por los alrededores de San Pedro y la avenida del Marqués de la Valdavia, recorrer la calle Manuel de Falla y los futuristas bulevares de Valdelasfuentes, a fin de aprender a diseñar ciudades a la medida del hombre, pensadas para que el hombre viva serena y plácidamente, sin sobresaltos, alimentado espiritual y estéticamente. Que rodearan los ediles de todo el país, con ojos asombrados, las incontables y utilísimas rotondas, incluyendo las que se construyen ahora por Ruperto Chapí; que paseasen por el Parque de Andalucía o los jardinesl de La Vega; que practicaran algo de deporte en ese lujo al alcance de todos que es el Polideportivo Municipal; que ejercitasen el intelecto en la increíble Mediateca Pablo Iglesias, otro lujo para el que es difícil encontrar parangones; que se divirtieran un poco en Diversia o que, sencillamente, pegara el hilo con algún vecino en la Plaza Mayor.
Alguien puede argumentar sobre presupuestos, niveles de renta y riqueza relativa de los municipios, pero de lo que aquí se habla es de inteligencia.
¡Caballero, qué ciudad!

martes, 8 de marzo de 2011

ESPAÑA, PROHIBIDO SER ESCRITOR

España aportó a la cultura universal el Siglo de Oro, cuando también era la primera potencia mundial. Hace mucho tiempo que dejamos de ser una potencia y hemos sido durante muchos años muy modestos (aunque ya no tanto) en comparación con lo que fuimos, pero la decadencia político-económica no puede compararse con el decaimiento de nuestra influencia narrativa. Salvo algún que otro caso excepcional, ahora no significamos NADA DE NADA en el panorama mundial de la fabulación literaria y, contrariamente, casi todo lo que editamos aquí son traducciones de éxitos de otros países, Inglaterra y EE.UU. en especial, a despecho de que seamos uno de los lugares donde mayor número de ejemplares de libros se editan y de que esa actividad sume el 1,2% de nuestro P.I.B.
¿Es que hemos dejado de tener inventiva y capacidad fabuladora?
¿Es que no existe aquí potencialidad dramática?
¡Nada de eso! He vivido en siete países, donde siempre afirmé que el sustrato “novelable” de la idiosincrasia de algunos sitios españoles es formidable, en especial Málaga y toda la vertiente sur-penibética, donde en condiciones no tan adversas surgiría sin duda el último de los grandes “booms” literarios españoles, antes de que los libros sean sustituidos por otra cosa, como vemos que ocurrirá muy pronto.
Entonces, ¿en qué consiste el problema? Supongo que hay que ser, como yo, escritor de libros para enterarse. Ocurre que en España los escritores somos parias. No hay nadie que sea más paria en España que un escritor. Nadie cree en España que el de escritor sea un oficio respetable, sino sólo una especie de “hobby”. Casi siempre que me presentan a alguien como escritor, me pregunta “Y… ¿cómo te ganas la vida?”. Ahí reside la esencia del problema. Hasta los buenos lectores creen que escribimos para divertirnos y que no tenemos por qué ganar dinero con ello. Y las editoras que un amigo mío llama “pateras” consideran que no hay que pagar a los escritores sus derechos, pues entienden haberse apropiado del libro entregando el anticipo de los derechos que marcan los contratos.
Ustedes replicarán: “¿Pero es que a Pérez Reverte, Vargas Llosa, Gala o los herederos de Torrente Ballester no les pagan sus derechos?” Sin duda cobran, pero yo revisaría meticulosamente las liquidaciones de derechos de autor.
Los demás, no cobramos. Ustedes dirán “bueno, un escritor no importante, tampoco va a ganar mucho”. Yo no soy un escritor famoso, pero llevo editados en papel once libros, más seis que están saliendo estos días en un portal de internet. Diecisiete en total. De cuatro de esos libros editados en papel, mis últimas cuatro novelas, van 16 (dieciséis) ediciones en tres años y medio, lo que podría representar al menos unos 48.000 ejemplares vendidos. Pero la editora no quiere pagarme mis derechos de autor, que según varios amigos libreros (la editora JAMÁS ME INFORMA DE CUÁNTOS LIBROS VENDO) sumarían 150.000 euros estos últimos cuatro ejercicios. Desde abril de 2008, que es cuando recibí la última liquidación, correspondiente a todo 2007 (¡2.000 euros!), me costó dos meses entender el daño que desde hace cuatro años me está infligiendo la editorial, a base de preguntar y consultar a especialistas; antes, jamás se me habría ocurrido sospechar que trataba con una ladrona estafadora.
Por eso España no significa NADA literariamente en el mundo. Porque las editoras no permiten madurar las capacidades creadoras al no pagar a los escritores. Nadie podría dedicarse en exclusiva a la literatura, sin cobrar. Y lo más escamante es que el Ministerio de Industria y Comercio lo sabe. Todo el mundo sabe que las editoras estafan. Lo saben los periodistas. Lo saben los medios de información. Toda España sabe que no nos paga a los escritores. Pero nadie tiene la gallardía de hablar de ello, para que se solucione el problema y España pueda seguir pesando narrativamente en el mundo. Si un escritor reclama lo que se ha ganado, sencillamente, puede ocurrirle, como a mí, que lo amenacen de muerte tres veces. Y por el camino que van…

lunes, 7 de marzo de 2011

lo que Roca Editorial me ha defraudado:LACAYOS Y MAYORDOMOS

Cuando ya nos queda tan lejos eso de los lacayos y mayordomos, así como la idea de amos y sirvientes; cuando ya resulta tan difícil distinguir –por la ropa- a un ejecutivo de un estudiante pobre, prestarse a hacer de lacayo debe de ser por una necesidad muy, muy grande; tan imperiosa, que roce la agonía; algo que toque lo más profundo y proceloso -entre alcobas, mazmorras y bodegas- de lo inconfesable-. La rediviva humillación voluntaria puede ocultar quién sabe cuántos dramas y carencias. Cuantos hígados hechos rocas. Cuántas vanidades insatisfechas. Cuántas pretensiones desorbitadas que la realidad se empeña en desmentir.
Ver en la época presente alguien que saca la lengua para relamer a algún poderoso en el culo, es desolador. Ver que alguien se baja la ropa en público para satisfacción de su ama, es patético. Ver que el poder deslumbra tanto a personas que, de otro modo, valdrían la pena, rompe el alma. ¿Quién es de veras poderoso hoy día, cuando hasta unos estultos y delirantes fanáticos racistas se permiten insultar al Rey, y los jueces los dejan ir de rositas?
La asombrosa realidad es que el servilismo sigue pagando; malamente, eso sí; con migajas despreciables e indignas, pero... Aunque resulte difícil de creer, todavía queda quien se presta a ello. Todavía quedan “amigos” como los de Viriato. Aún queda gente que cree que Roma paga a los traidores. Con tantas evidencias para desmentirlo, y queda gente capaz de tragarse que gana un reino meneando la colita.
Queda gente que corre carreras de galgos para lamer los faldones de su pagador.
Y cuando uno se rebela y decide intentar, desesperadamente, cobrar lo que se ha ganado y el supuesto poderoso trata de no pagarle, hay todavía mayordomos capaces de indignarse: “¿Qué pretenderá éste? Que nos deje tranquilos. El mundo está muy bien tal como está, con sus robos, con sus injusticias, con sus estafas, con sus ricos abusando de los pobres, con sus poderosos pisoteando y aplastando a todo quisque. Que no me complique la vida” Los lacayos y mayordomos trinan con santa indignación cuando alguien nada contracorriente- ¡Es tan cómodo dejarse llevar! ¡Es tan agradecido decir “sí bwana”!

sábado, 5 de marzo de 2011

Me llamo Luis Melero.

Soy autor de decenas de libros y he publicado los siguientes:
Cal viva, Málaga del Pedro a la pedrá, El cuarto segmento, El espejo líquido,
Oro entre brumas, La desbandá, Colón el impostor, Los pergaminos cátaros,
Cátaros la libertad aniquilada, Indianos, El ocaso de los druidas.

La editorial de mis 4 últimas novelas, Roca Editorial, me contrató por un 10% de derechos, pero me paga sólo el 3,%, habiéndome defraudado más de 100.000 euros en 6 años.
Mientras yo, enfermo, solo y con 500 e de pensión, paso graves dificultades.
Ni el gobierno, ni la generalitat, ni la policía, ni las Cortes ni la justicia me ayudan a cobrar.

Necesito algo que pueda hacer siendo jubilado, una colaboración con la que redondear ingresos que me permitan vivir razonablemente.



TODOS LOS CONTRATOS FIRMADOS CON ROCA EDITORIAL CONTIENEN ESTA CLÁUSULA, DONDE SE ESPECIFICA QUE COBRARÉ EL 10% DEL PRECIO DE VENTA DE TODAS MIS NOVELAS.



COMO SE VE EN ESTA LIQUIDACIÓN (SEMEJANTE A TODAS LAS QUE ROCA EDITORIAL ME HA EFECTUADO), en vez de calcular el porcentaje sobre el PRECIO DE VENTA AL PÚBLICO, Roca Editorial lo calcula SOBRE EL PRECIO ACOFDADO CON LOS DISTRIBUIDORES, cuestión que no tiene nada que ver conmigo ni me interesa,COMETE UN FRAUDE
Como se ve claramente en este documento, calculan sobre un precio de 4,35, cuando mis libros se han vendido al público a precios que van de 18 a 21 euros, una media de 20 euros. Por lo tanto, yo debería haber cobrado una media de 2 euros por cada uno de mis libros vendidos.

Exigida la prueba de impresión, hasta noviembre de 2007 se habían impreso unas 14 ediciones de 6.000 ejemplares de todas mis novelas. Eso representa unos 84.000 libros editados y que yo tendría que haber cobrado hasta esa fecha unos 168,000 euros.
Sin embargo, Roca Editorial me había pagado poco más de 34.000 euros en total.

Puede apreciarse en esta liquidación que Roca Editorial afirma haber vendido en 2007 unos 2,000 ejemplares de ORO ENTRE BRUMAS (lo cual parece sospechosamente falso, puesto que hasta ese momento se habían impreso 18.000 ejemplares de esta novela). Como resultado de la liquidación, apréciese que Roca Editorial dice que, vendido 2.000 libros míos, me corresponde PAGARLE A LA EDITORIAL algo más de 800 euros. !!!

ROCA EDITORIAL DICE QUE ME PAGA COMO TODAS LAS DEMÁS... ¿SIGNIFICA ESO QUE TODAS LAS EDITORIALES DE BARCELONA ESTAFAN A SUS ESCRITORES EN CASTELLANO?

jueves, 3 de marzo de 2011

EL TREN, SALÓN SOCIAL

Si don Hilarión, el de “La verbena de La Paloma”, levantara la cabeza, y Casta y Susana lo sacaran a ver pasar el AVE, no podría cantar “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…” porque se quedaría con la boca abierta. Cuanto más progresamos, mejor comprendemos que el tren es el transporte del futuro.
Está claro. A 350 kilómetros por hora, pronto viajaremos poco en avión por la península. Sin embargo, siento nostalgia de los morosos Expresos, por lo que sucedía en aquellos compartimentos de ocho pasajeros. Como aquí escribo en color pastel, no puedo contar historias picantes que, como las meigas, haberlas haylas aún, pero entonces eran el pan nuestro de cada día, sin desalentarnos el tufo a pies o, como me ocurrió una vez por Marsella, aunque se sentara al lado una campesina con un cesto lleno de camembert…
Salías de Málaga a las 22.00 y llegabas a Atocha, con suerte, doce horas más tarde. Tiempo de leer y soñar. Con los silbatos de los jefes de estación actuando de despertador, aquellos duermevelas interminables eran muy fecundos para los lazos sociales. Lazos efímeros, pero a veces podían hasta acabar en el altar. Para un muchacho era un viaje de iniciación en todos los sentidos, incluidos los escabrosos, y para los de mi generación ir en tren a Madrid o a Barcelona era la piedra filosofal del paso a la madurez.
Conservo amistades del tren en toda Europa, pero fue en Caracas donde tuve el encuentro más memorable. Por azares de la vida, diseñé el cartel del XIII Congreso Panamericano de Ferrocarriles, donde participó RENFE, que pujaba para diseñar un ferrocarril de 900 kilómetros. Ganamos la puja, aunque, cosas del Caribe, del tren no se supo. Por fortuna, el congreso me permitió conocer a Paco Lavilla -hermano del ministro suarista-, que soñaba con hacer completo el recorrido del Transiberiano, un tren donde daría tiempo de congeniar y casarse, y hasta de tener hijos. Con mucho menos, las dos horas aproximadas a Córdoba, Zaragoza o Sevilla, no paro de relacionarme en los viajes de promoción de mis novelas. Y hay que ver de lo que se entera uno cotilleando los diálogos o escuchando al impertinente que habla a voces con el móvil.
El tren es un club social. Un salón donde hacer amigos y, por qué no, ligar. Es fantástico lo de contemplar paisajes más virginales que los de la carretera, pero lo apasionante ocurre dentro. Por si las moscas, en tren llevo siempre una buena provisión de tarjetas personales.