jueves, 27 de octubre de 2016

VIVIA EN MADRID, PERO LO SUFRÍ COMO SI ME ARRASTRARA EL AGUA

Entre noviembre y diciembre de 1989, Málaga sufrió unas catorce inundaciones catastófricas. La economía malagueña, sobre todo la provincial,. experimentó pérdidas cuantiosas y hubo más de cuatro muertos.
En aquel tiempo, yo no vivía aquí (y no por opción personal, sino porque no había libertad de expresión), pero permanecí tres o cuatro días pendiente de la radio y hasta lloré algunas veces.
Y más lloré cuando se publicó que la reina Sofía viajó a Mallorca para consolarles por sus inundaciones, donde hubo UN muerfo. Aquí,con ruina muy superior y cuatro muertos, la reina Sofía no se dignó venir. Indignado por ello, transformé un relato corto mío en novela, donde el escenario era el drama rural que aquellas inundaciones produjeron, sobre todo en el Guadalhorce.
Por mi indignación citada, me esforcé y conseguí publicar esta novela.
CAL VIVA
Curiosamente, había escrito novelas desde mucho antes y ya mantenía archivadas unas cicno, de modo que CAL VIVA fue mi primera novela publicada, pero los lityeraqtos a los que consulte me dijeron: "NO PARECE UNA PRIMERA NOVELA", particularrmente, Alfonso Canales.
Cal viva había sido finalista del Premio Café de Gijón como novela corta y fue primera finalista del Premio Ateneo de Sevilla-.
Ën 2013 cumplió veinte años de publicada y desde entonces suspiro por editarla de nuevo, puesto que está agotadísima. Tal vez me muera antes de conseguir ver la segunda edición de Cal viva ni la primera de otras trece novelas terminadas que mantengo inéditas.

VIDEOS DE YOUTUBE SOBRE LIBROS MÍOS
Exixsten vídeos youtube sobre mis libros.
Estos son algúnos los enlaces:
https://www.youtube.com/watch?v=0vBsz4ZkDtQ
https://www.youtube.com/watch?v=xHFsA2CrDXg
https://www.youtube.com/watch?v=StcUPMTKP98
https://www.youtube.com/watch?v=qFgFSKBJrbw
https://www.youtube.com/watch?v=QEeoTqgwfTs

jueves, 8 de septiembre de 2016

VARIOS VIDEOS DE YOUTUBE SOBRE LIBROS MÍOS


VIDEOS DE YOUTUBE SOBRE LIBROS MÍOS
Exixsten vídeos youtube sobre algunos de mis libros.
Estos son los enlaces:
https://www.youtube.com/watch?v=0vBsz4ZkDtQ
https://www.youtube.com/watch?v=xHFsA2CrDXg
https://www.youtube.com/watch?v=StcUPMTKP98
https://www.youtube.com/watch?v=qFgFSKBJrbw
https://www.youtube.com/watch?v=QEeoTqgwfTs


martes, 5 de julio de 2016

INTENTAN ORGANIZAR EL PRIMER CORO GAY DE MÁLAGA


INTENTAN ORGANIZAR EL PRIMER GAY CORO DE MÁLAGA
Un grupo de paisanos muy inquietos y, al parecer, dispuestos a que Málaga “se abra”, como quería Federico García Lorca, intentan organizar en Málaga uno de los primeros coros de hombres gay de España. Ruienes deseen intentarlo y probar, pueden escribir a
jonfer2052@gmacil.com
Cuatro ejemplos de coros gay de Madrid, México, Londres y Los Ángeles;






lunes, 30 de mayo de 2016

tERC ER CUENTO DE la hora de 3.000 años

p:UBLICO LA PRIMERA PARTYE DE MI CUENTO "lA CABEZA DEL DIOS" DE MI COLECCIÓN "uNA HISTORIA MITICA DE mÇÁLAGA"

la cabeza del dios




III - La cabeza del dios
El chamán no era compasivo ni había tratado jamás de parecer cordial. Tampoco había disimulado nunca su intención de ser tenido por cruel o extremadamente cruel. Meng miró de reojo a su compañero de condena; aunque consideraba que era un poco más viejo, parecía más joven que él, y ni siquiera giró el cuello mientras se adelantaba, por no verlo quedarse atrás y sentarse a dudar sobre un tronco abatido por un rayo; tenía miedo. Ah tenía miedo, una novedad demasiado inesperada. ¿Era el chamán el que conseguía ese efecto? Tenía que ser eso; A Ah le atemorizaba la indiferencia con que el chamán perforaba el pecho de los sacrificados y bebía su sangre. Nunca antes había visto flaquear la determinación de su compañero. Debía alegrarse, pero tenía que fijarse bien en lo que el chamán hacía y decía.
Ah tenía que haber conocido más de quince soles, pero exhibía jactanciosamente una fuerza y un poderío que Meng envidiaba desde que tenía memoria. No sabía poner nombre a ningún sentimiento, ni la envidia ni el placer, pero deseaba poseer el poder de Ah, que siempre fuera tan imbatible, y ahora, ante el chamán, flaqueaba tan ostensiblemente.
Meng nunca estaba del todo seguro de en qué mundo vivía, el placentero y luminoso que recorría después de dormirse en el fondo de la cueva o el sudoroso donde pasaba la mayor parte del tiempo buscando comida, siempre con Ah, nunca sin él. Después del cansancio, al rendirlo los demonios de lo oscuro, hablaba reposadamente con seres refulgentes, tan bellos como la luna llena. Uno de esos seres, acudía con frecuencia a recibirlo en su jardín; sólo tenía pelo en la cabeza, una larga fronda amarilla que le llegaba a las pantorrillas; el resto de ese ser era sonrosado como una flor al estallar, a diferencia del suyo y el de Ah, que eran como mantos de yerba seca. No recordaba haber tocado nunca a ese ser, sólo tenía constancia del apremio de su deseo, que nunca era capaz de dilucidar si consistía en hambre o embrujo; tal vez quería comérsela porque debía ser deliciosa de paladear o tal vez deseaba adorarla como una diosa, pero el chamán no hablaba jamás de diosas en femenino. Ahora, el único mundo era el de las penalidades, y le tocaba penar junto a Ah. Con él. Temiendo quedarse sin él.
De reojo, vio que Ah continuaba sentado en el tronco, resistiéndose a obedecer la orden del chamán. Meng, en cambio, se arrodilló de inmediato, esperando lo que se le asignarse; podía ser un gigantesco pedrusco que le partiera la cabeza, un afilado pedernal que abriera su pecho o una antorcha ardiente que cauterizara sus ojos.
La condena se la habían ganado, tanto él como Ah, por disputarse violentamente los favores de una hembra, la más casquivana de la tribu. Ambos sabían de sobra que Tarna regalaba sin límites sus mieles a todos los machos en edad de hacerle sentir placer; lo único que Meng y Ah habían hecho mal era tratar de matarse mutuamente, por unos favores que ambos podían haber conseguido sin ninguna clase de dificultad, si no hubiesen pretendido gozar de Tarna el mismo día y a la misma hora, puesto que nunca se separaban.
El chamán actuaría tan expeditivamente como siempre. Los dos condenados sabían que los chamanes de otras tribus se comportaban de manera diferente; convocaban a los más ancianos de la tribu, se reunía una especie de asamblea y aunque el poder de resolución de los chamanes fuera siempre igual de indiscutible, al menos los demás hacían participes a sus respectivas tribus de la clase de condenas que dictaban. El chamán de su tribu, no. Arrodillado, Meng miró el reguero de su sangre que se mezclaba con la tierra; sentado en su tronco, Ah también continuaba sangrando, pero sin compadecerse de sus heridas, el chamán se alzó ante ellos en actitud altiva, indicó con el índice derecho hacia el norte, mientras señalaba cinco con la otra mano.
Meng notó que Ah, con los ojos cerrados, trataba de no enterarse de la orden. Por ello, y como la condena ya había sido dictada, abandonó la postración y, acercándose a él, le tendió la mano para obligarlo o ayudarle a alzarse. Tenían que caminar cinco noches completas, siempre en pos de aquel misterioso lucero que todos ellos adoraban, porque así lo habían ordenado los dioses. Al quinto día, tales dioses les dirían qué debían hacer. Era la palabra del chamán que nadie podía discutir.
Durante cuatro noches, siguieron a través de la selva un sendero ascendente. Tan empinado, que no paraban de jadear. Tuvieron que enfrentarse a feroces animales que nunca habían visto, sobre todo los onagros chillones cuyos aspavientos alertaban a todo el bosque. Eran otra clase de seres. Gruñían, relinchaban o rugían, pero ninguno era capaz de decir su nombre ni decirles cualquier otra cosa, sólo querían matarlos. En muchos momentos, Meng cubrió con su cuerpo el de Ah para protegerlo mientras se libraban de los rugidos; en otros momentos, era Ah quien protegía a Meng. Sorprendentemente, ambos se protegieron, porque sería más fácil sobrevivir los dos que uno solo y, sin saberlo, ninguno de los dos creía que pudiera vivir sin el otro.
Nunca llegaban a saciar el hambre del todo. Como habían tenido que emprender desarmados la condena, no podían cazar más que seres pequeños que sabían de antemano que no podían comunicarse, pero eran castañas y otros frutos lo que más comían. Siempre al borde del desfallecimiento, no les aliviaba el baño en las pozas ni devorar raíces o legiones de insectos. El hambre era un agujero sin fondo en su cuerpo. Una tronera por donde se les escapaba el orgullo, el odio, la rivalidad y el rencor. Sin acordarlo, dormían las tardes completas, por turnos; uno soñaba misterios mientras el otro velaba y constantemente se protegieron como si jamás hubiesen querido matarse. Pero, ahora, nunca volvía Meng a entrar en el jardín del ser sonrosado de melena dorada. Algo estaba ocurriendo. El poder de la condena del chamán les alcanzaba allí donde estuvieran, aunque les separasen de él montañas monstruosas. La condena abarcaba toda su vida, sólo podían liberarlos los dioses cuando cumplieran sus órdenes.
Cada vez que se hundía el sol, los ruidos de la selva transportaban demonios terribles. Cuando los dioses permitían que volviera, los demonios sólo se escondían tras las rocas o entre las raíces de los árboles, al acecho. Ya no tenía que temer las miradas o las acometidas de Ah, ahora era su aliado, como lo había sido siempre hasta la irrupción en sus cuerpos de aquella clase nueva de placer.
Vieron el cuarto amanecer desde un promontorio, desde donde divisaron una extensa llanura. La temperatura era muy inferior a la de las piedras calientes junto al gran paisaje de agua que habían abandonado allí abajo. Ahora sentían frío. Habían ultrapasado, a su izquierda, una muralla divina hecha de piedras cortadas por desconocidos titanes, una especie de espinazo gris de animal imaginario, a cuyo lado pasaron sigilosamente, por temor a despertarlo.
Ah señaló un punto indeterminado. Meng notó que deseaba ordenarle algo, pero no podía obedecerle y miró hacia el lado contrario. Los dos eran simples exiliados, condenados a no sabían todavía el qué.
La llanura era más verde que el paisaje junto a la gran superficie de agua, pero con menos árboles. No había nada que anunciase tribus; ni humo ni el resplandor madrugador de fuegos dispuestos para los primeros alimentos; los únicos signos de vida eran varias bandadas de aves muy grandes que, a lo lejos, se dirigían al sur. Pese a lo mucho que se odiaban, tanto Ah como Meng se comunicaban sin apenas sonidos, con sólo algún gesto y constantes miradas. No sabían si compartían madre o padre, pero no recordaban haber estado jamás lejos el uno del otro. Lo más sobresaliente eran los retozos alborotados mientras los zarandeaban las ondas líquidas llenas de misterios y maravillas. Siempre permanecían uno al lado del otro, en las disputas por la comida, en las persecuciones de rivales comunes, en las luchas contra seres peludos que les doblaban en altura y podían comerse, y en el recreo del ronroneo al sol. Todos sus recuerdos eran a dúo; las cacerías; las incursiones en la procelosas aguas en busca de aquellos animales tan resbaladizos; los bailes ceremoniales; los juramentos de sangre. Los primeros aprendizajes del placer, que fue lo que les inclinó a odiarse. Pero ignoraban por qué nunca se habían separado.
Los ojos de Ah dijeron “vamos abajo”, Meng asintió tras una corta vacilación y ambos emprendieron el descenso. Cuando la pendiente acabó, comprendieron que todavía les quedaba un largo trecho por recorrer, porque el sol tardaría en hundirse. Pararían una vez que refulgiera del todo el quinto amanecer.
Una vez que dieron por culminada la primera parte de su condena, el camino, se echaron despreocupadamente a dormir. No sabían cuándo ni dónde llegaría el mandato de los dioses; debían aguardar mansa y humildemente. Al menos, Meng lo consideraba así pese a la actitud incomprensible de Ah,que no mostraba la paciente mansedumbre a que les obligaba la condena.
Los dioses no les hablaban. Llevaban acampados tanto tiempo en el mismo lugar, que se comunicaron la intención de fundar un poblado allí mismo, pero no había mujer para comenzar el poblamiento. Y no podían volver atrás ni seguir adelante. El tiempo pasaba sin recibir sonidos en ninguna de las dos vidas, la del día ni la de la noche. Un día, despertaron temblando a causa de un desconocido fuego blanco, que les escocía en la piel y enrojecía sus dedos. Habían asistido a la desaparición de las hojas de todos los árboles, seguramente por el maleficio de algún dios desconocido, pero ese fuego blanco era todavía más extraño y mucho peor.
El fuego blanco les impedía echarse en el suelo, les obligaba a temblar con los miembros descontrolados, y tuvieron que moverse. Siempre dormían entre las zarzas, en procura de que los temblores se calmaran, pero esa tarde no encontraron ninguna, sólo una extensión verde sin ningún abrigo a la vista. La primera parte de la noche no consiguieron dormir, por lo que se afanaron en amontonar las piedras más pesadas que encontraron, para componer un pequeño abrigo, hasta que el agua de su piel empezó a convertirse en humo. Meng se preguntaba a cada paso en qué momento trataría Ah de partirle la cabeza con una de esas rocas, pero dejó de preguntárselo cuando ya no era capaz de ver su cara, envueltos ambos por las tinieblas. Cayeron exhaustos, sin capacidad de recordar preguntas ni miedos.

miércoles, 27 de abril de 2016

EL PRÓXIMO SÁBADO, FIRMARÉ ENEL PALMERAL DEL PUERTO

El próximo sábado, 30 de abril, estaré firmando mis libros, a las 12.30 del mediodía, en la caseta de las librerías Proteo y Prometeo, en el PALMERAL del puerto
  
LES ESPERO

lunes, 21 de marzo de 2016

19 DE ABRIL, MARTES, 7.3O DE LA TARDE

HABLARÉ DE MIS NOVELAS 

LA DESBANDÁ 1 Y 2

EN EL AYUNTAMIENTO 
DE
RINCÓN DE LA VICTORIA



Invitado por el ayuntamiento, charlaré sobre las espantosas tragedias de “La desbandá” y la génesis de “Después de la desbandá”. 

Mi charla coincidirá con una estupenda exposición organizada para conmemorar el dramático éxodo, origen del mayor trauma sufrido por la población de Málaga. 


viernes, 18 de marzo de 2016

LA DESBANDÁ Y DESPUÉS DE LA DESBANDÁ EN EL RINCÓN DE LA VICTORIA

Invitado por el Ayuntamiento de 
Rincón de la Victoria, 
contaré el origen y mis vivencias en relación con
mis novelas 
La desbandá y Después de la Desbandá. 

Será el martes 12 de abril, a las 7.30 de la tarde.

ESPERO LA COMPAÑÍA DE MIS LECTORES